
El descubrimiento de los colores y el arte del dibujo son, para el/la niño/a, las puertas a que desarrolle su imaginación y creatividad (o al menos eso te dicen los pediatras).
Cuando ves que agarra su primer lápiz y empieza a garabatear sobre tu falda en un pedazo de papel cualquiera, no queda otra más que babear. Y más cuando se da vuelta y te lo da con intención de regalártelo.
Cuando eso pasa salimos cagando y le compramos una caja llena de lápices de colores, crayones y un block de hojas para que se divierta y siga dibujando.
Ahora, ¿Cuál es el error en el párrafo anterior? Exacto, el block de hojas.
Uno se imagina que dentro de la mezcla de celulosa blanca el/la muchacho/a va a hacer una obra maestra al estilo Vincent Van gogh (Pero como el que aparece en Doctor Who, que es fachero y todavía no se había rebanado una oreja por una loca) y te vas a llenar de plata.
Pero uno como padre no entiende una cosa (o no se acuerda de cuando era chico), ¿para qué utilizar papel cuando son más excitantes, grandes y reutilizables las paredes de tu casa?
Eso no te lo cuenta nadie, todos te cuentan de las obras de arte que hacen sus hijos, pero no las horas que tenés que estar fregando para sacar las manchas en la pared recién pintada.




